19 septiembre 2014

5 maneras de premiar el error entre tus alumnos


Sí, has leído bien. Se puede y se debe premiar del error. Hay que enseñar a premiar el error. ¿Por qué? Muy sencillo. Premiando el error consigues que tus alumnos ganen en confianza, refuercen su autoestima y mejoren su autoconcepto. La escuela desde siempre ha castigado el error, lo ha penalizado. Y ese ha sido uno de sus mayores errores. Y te diré por qué. Pues porque un alumno que nunca se equivoca nunca aprenderá nada nuevo. En este artículo tengo la intención de enseñarte 5 formas de premiar el error entre tus alumnos para fortalecer su autoestima. ¿Me acompañas?

Imagen extraída de Shutterstock

1. Premiar las intervenciones, no las respuestas. Intenta dejar muy claro desde el principio que el error forma parte del aprendizaje. Del error se puede aprender, del error te puedes reír, no de los compañeros, sino con los compañeros Por eso, tienes que premiar la acción y la participación y dar un valor secundario a las respuestas que te den tus alumnos. Si premias las intervenciones, entonces harás que tu clase sea más participativa, más plural, que todos los alumnos tomen el riesgo de equivocarse. Todos, sin excepciones.

2. Modificar la percepción en pruebas y exámenes. Refuerza los aciertos. En pruebas y exámenes puedes incidir en los aciertos o reforzar los errores. Fíjate en la diferencia que existe entre estas frases:
  • Castiga el error: Tienes siete errores. 
  • Castiga el error: Sólo has acertado tres de las diez preguntas de la prueba.
  • Premia el error: Has conseguido tres aciertos. Si te esfuerzas un poco más seguro que conseguirás aumentar el número de respuestas acertadas.

3. Insistir en que el error es el inicio de la respuesta correcta. Es muy frecuente preguntar oralmente a los alumnos. En el caso de que se equivoquen a la hora de responder, aprovecha este error para centrarte en la respuesta que ha dado, no en la pregunta que tú querías que diera. Fíjate en este posible diálogo entre docente y alumno:
  • Docente: ¿A qué categoría gramatical pertenece la palabra ‘hermoso’?
  • Alumno: Es un sustantivo.
  • Docente: ¿Cómo termina la palabra?
  • Alumno: En -oso.
  • Docente: Busca una palabra que acompañe a hombre y que acabe en -oso.
  • Alumno: Hombre furioso.
  • Docente: ¿Cómo definirías furioso?
  • Alumno: Es una cualidad.
  • Docente: ¿Y a qué categoría pertenecen las cualidades?
  • Alumno: A la categoría del adjetivo.
  • Docente: ¿Puedes poner la palabra ‘hermoso’ a continuación de la palabra hombre?
  • Alumno: Si, hombre hermoso.
  • Docente: Por tanto, hermoso es una cualidad.
  • Alumno: Sí, así es.
  • Docente: Entonces, ¿a qué categoría pertenece la palabra hermoso?
  • Alumno: No es un sustantivo, es un adjetivo.
  • Docente: Felicidades. La respuesta es correcta.
4. Matizar los errores y acentuar los aciertos. Hemos quedado en que no hay respuestas erróneas. Simplemente, que hay respuestas que necesitan más preguntas para que se acierten. En este sentido es fundamental la primera respuesta que des cuando un alumno te responda de forma errónea. Por el contrario, debes acentuar, debes reforzar al máximo cuando se acierte.

5. Compartir el error. Siempre he pensado que el error es la viva imagen de la soledad. Cuanto te equivocas te quedas completamente solo con tu error. Nadie quiere acompañarte. Hay que cambiar esa percepción tanto como sea posible. ¿Cómo? Enseñando a tus alumnos a pedir ayuda a sus otros compañeros e intentado que sean ellos quienes lo elijan, no tú. ¿Qué conseguirás con ellos? Algo fundamental. Compartir el error, compartir la primera frustración que se siente al no tener la respuesta que quieres. ¿Cómo hacerlo? Aquí te dejo un ejemplo:
  • Docente: ¿Cuál es la capital de Francia?
  • Juan: No lo sé.
  • Docente: ¿Qué compañero te gustaría que te ayudara a responder a la pregunta?
  • Juan: Andrés.
  • Docente: Andrés, ¿sabes cuál es la capital de Francia?
  • Andrés: Creo que es París.
  • Docente: Juan, ¿tú qué crees?
  • Juan: ¡Sí, es París! Ahora me acuerdo.
  • Docente: Felicidades a los dos. Ambos habéis acertado la pregunta.


La escuela de hoy aborrece el error, penaliza el error, castiga el error, cuando el error es una extraordinaria oportunidad de educar a tus alumnos. Por eso, no eduques a tus alumnos para que nunca se equivoquen. Educa a tus alumnos para que cuando se equivoquen, cuando cometan un error, sean conscientes del aprendizaje que eso implica y del valor que tiene para su autoestima, para su inteligencia emocional.

Los peores errores de la vida son los que no cometemos

17 septiembre 2014

No eres un nativo digital

Todos los que lleváis leyéndome algún tiempo sabéis que la expresión «nativo digital» me saca de mis casillas porque me niego a creer en que los niños y adolescentes actuales sean tal cosa.

No discuto que tienen una naturalidad a la hora de manejar todo tipo de cacharros que los que ya tenemos unos cuantos años más no tenemos o nos cuesta adquirir. Pero lo que me pone muy nervioso –y me preocupa mucho más aún– es que eso de que son nativos digitales se usa demasiado a menudo como excusa para mirar hacia otro lado cuando hay que ocuparse de su educación en cuanto a las herramientas digitales que tienen a su disposición, tanto en lo que se refiere al uso de las herramientas en sí como en lo que se refiere a las posibles consecuencias de lo que dicen y comparten por ahí.

Y es que nadie nace aprendido… ¿O acaso todos los que hemos nacido después de la invención de la imprenta no hemos tenido que aprender a leer y a interpretar un texto, aunque luego decidamos por nuestra cuenta lo que leer?

Cory Doctorow también opina en la misma línea, así que aprovecho para traducir parte de una carta abierta para los adolescentes que acaba de publicar estos días como You Are Not a Digital Native: Privacy in the Age of the Internet:
No eres un nativo digital: privacidad en la edad de Internet:

Dicen que el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico II ordenó que se dejara crecer a un grupo de niños sin ningún tipo de interacción humana para que pudiera observar su comportamiento «natural», sin viciar por la cultura humana, y así descubrir la verdadera naturaleza oculta del animal humano.

Si naciste a principios del siglo 21, probablemente hayas tenido que soportar que te llamen «nativo digital» en al menos una ocasión. Al principio parece que está bien esto de crecer sin ser viciado por el mundo fuera de línea, e imbuido por una especie de sexto sentido acerca de cómo debe ser Internet.

Pero los niños no son inocentes místicos. Son gente joven, aprendiendo a ser adultos, y aprenden como ser adultos del mismo modo que todos los humanos: cometiendo errores. Todos los humanos se equivocan, pero los niños tienen una excusa: aún no han aprendido las lecciones que los errores te hacen aprender. Si quieres doblar tu número de aciertos, tienes que triplicar tu número de fallos.

El problema con ser un «nativo digital» es que transforma todas tus equivocaciones en verdades percibidas acerca de cómo se supone que los humanos han de usar Internet. Así que si cometes errores con tu privacidad en Internet no sólo las empresas que lo propician y se benefician de ello salen de rositas, sino que además a cualquiera otro que manifieste alguna preocupación por ello no se le hace ni caso. A fin de cuentas, si se supone que a los «nativos digitales» no les importa su privacidad, entonces cualquiera que lo haga es un dinosaurio idiota del que reírse y que no está al loro.

«Privacidad» no quiere decir que nadie en el mundo se entera de lo que haces. Quiere decir que tú decides quién se entera.

http://www.microsiervos.com/archivo/internet/no-eres-un-nativo-digital.html

15 septiembre 2014

Educar en casa... ¿utopía o realidad?

Más de una vez me han escrito o me he enterado de mamás que comienzan a interesarse por educar en casa a sus hijos y preguntan:
¿Cómo comienzo a educar en casa?
¿Dónde consigo el material para mis hijos?
¿En dónde me puedo inscribir al homeschool?
¿Qué debo usar, cómo debo comenzar?
¿El homeschool es un método?
¿Cómo debe ser el día correcto de un homeschooler en casa?
¿A cuántas actividades extraescolares lo debo inscribir?
¿Debo construir un salón para mi hijo?
¿Es indispensable hacer actividades Montessori?
¿A qué edad debo comenzar las clases formales en casa?
Y bueno, un sinfín de preguntas, todas totalmente válidas tomando en cuenta que educar en casa es algo que ciertamente muchas familias hacen pero que no es muy común ni algo conocido en general. Muchas veces a las familias nos cuesta trabajo desescolarizar nuestra mentalidad, una mentalidad con la que crecimos y nos formaron, por lo tanto en el momento de hacer homeschooling creemos que lo ideal es llevar la escuela a casa y hacer exactamente lo mismo que hacían nuestras maestras con nosotros, llevar un horario estricto y no salirnos de los parámetros escolares en ese tiempo.
Por esta razón y muchas otras, hoy quiero introducir la serie “Educar en casa… utopía o realidad”, que iremos compartiendo en este blog con la colaboración de varias familias de México, Estados Unidos y esperemos que también de España.

Esta serie se va extender varios meses, ya que nuestros invitados irán participando conforme sus actividades y compromisos se los vayan permitiendo. Y junto con la participación de varias familias que no son conocidas y que tienen mucho para compartir, también contaremos con la presencia de varias familias conocidas en internet y en el medio educador en el hogar como Mike Richardson, Laura Castellaro, Karisa Rivera, Priscila Salazar y Zabdiel Torres.
El propósito de esta serie es que con las experiencias, testimonios y ejemplos que cada familia:
  • Primeramente conozcamos como es un día común en la vida de cada una de las familias para darnos una idea de qué podemos esperar al hacer homeschool con nuestros hijos.
  • Nos demos cuenta de que cada familia usa métodos y libros muy diferentes y todos han tenido buenos resultados.
  • Localicemos, eliminemos y respondamos esas dudas, ideas erróneas y utopías que inicialmente surgen en nuestras cabezas, o que cometemos, como que el homeschool debe ser perfecto en todos los aspectos para que realmente funcione, creer que es algo tan maravilloso que nunca deben haber malos días o que hay que evaluar el desempeño de nuestros hijos según los parámetros establecidos.
  • Pero, sobre todo, darnos cuenta de que no existe un modelo ideal para educar en el hogar, que cada familia es un mundo totalmente único y lo que a uno le funciona a otro no, y que aprendamos a ser tolerantes entre nosotros para no creer que nuestra manera es la única correcta y que todos los demás están errando con su forma de trabajar en casa.

Espero que no se pierdan cada entrada que vaya surgiendo de la serie porque creo que esta será una experiencia muy enriquecedora. En lo personal yo estoy muy emocionada porque sé que voy a aprender mucho, vamos a localizar errores que tal vez estemos cometiendo y esto nos va a llevar a ampliar nuestro panorama y a tener un mejor entendimiento de lo que es educar en el hogar de verdad.
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