28 enero 2015

Educación: ¿monopolio del Estado?


La educación tradicional –ya sea pública, concertada o privada con regulaciones del sector público-, se enfrenta a uno de sus mayores retos de las últimas décadas. La distancia entre las preferencias de los consumidores, en este caso padres y alumnos, y el producto que se les ofrece es suficientemente grande para garantizar el éxito de opciones alternativas. Las cifras demuestran el fracaso del sistema español actual: 14% de paro entre los titulados universitarios (la media de la OCDE es del 5%), 21% de paro entre los que tienen estudios de secundaria y hasta un 31% de paro entre los que tienen tan sólo la primaria. A esto se le añade que tenemos uno de los  índices de sobrecualificación más altos de la UE: casi el 40% de los titulados trabajan en puestos de trabajo que requieren baja cualificación[1] Desequilibrios entre formación y mercado hacen que muchos jóvenes preparados se marchen al extranjero o se vean obligados a aceptar trabajos poco remunerados.

Hay consenso en cuanto a que el modelo lleva al fracaso. Pero, ¿qué se tiene que cambiar para revertir la situación? Seguramente la mayoría de nosotros contestaría de manera diferente a esta pregunta. Yo personalmente opino que se tendría que modificar el plan de estudios para formar alumnos más preparados a la hora de salir al mundo laboral y los mercados, que se debería  modificar el rol del profesor para dar mayor protagonismo al alumno y que se tendría que fomentar la creatividad de los niños.  Aun así, ¿quién sería yo para imponer mi forma de entender la educación sobre todos los padres y alumnos? ¿Por qué el ministro de turno no da más autonomía a las escuelas para implementar nuevos métodos pedagógicos más adecuados a las preferencias de las familias, y en cambio nos mantiene distraídos sobre si la religión tiene que ser o no una materia obligatoria o sobre el porcentaje de clases que se tienen que impartir en lenguas cooficiales en las aulas?
Debido a mi desencanto con el funcionamiento de las escuelas, institutos y universidad en general, me gustaría explicar por encima otros modos de educar que complementan –o incluso sustituyen- el sistema estatal.


HOMESCHOOLING

Es una práctica sin cobertura legal en España (no está prohibida expresamente pero sí implícitamente) que se basa en educar a los niños en casa en lugar de en la escuela. Dicha ilegalidad hace que pocas familias escojan esta opción, si bien es cierto que suelen ser familias con fuertes convicciones sobre la idoneidad de educar a los niños en casa y que, en su mayoría, son conocedoras de los posibles problemas legales a los que se enfrentan. A diferencia de lo que a uno le puede parecer más lógico, los motivos principales que se arguyen por parte de las familias homeschoolers en el caso español no son ideológicos. En su mayoría son casos de niños con características particulares (niños especialmente capacitados, niños que han sufrido bullying, etc.) o bien el de familias que practican la crianza con apego, término creado por el pediatra William Sears y que hace referencia a la necesidad de un fuerte vínculo relacional de los hijos con sus padres. [2]

El homeschooling destaca también por su heterogeneidad. Entre las distintas modalidades destaca el flexischooling –en el que los padres envían a sus hijos a la escuela sólo para cursar unas determinadas materias o en franjas horarias concretas-.  Se suele decir en las plataformas defensoras de la libertad educativa que hay tantos motivos como personas [3], y de ahí a que sus métodos sean también muy diferentes.

Marleen es madre de una familia de origen belga y ahora residente en Barcelona, además de miembro de la Coordinadora Catalana por el reconocimiento del homeschooling y creadora del blog ORCA. Ella reivindica que los niños educados en casa pueden acabar con una buena formación, con el añadido de aprender aquello que les interesa y les genera curiosidad. Sus hijos no van a la escuela y aun así conocen hasta seis idiomas, además de haber aprobado los exámenes con certificación oficial que les han permitido realizar. Y más relevante aún, en un entorno más agradable y flexible, más individualizado y adecuado a las capacidades e intereses de los niños. El problema, dice, son los impedimentos que el Estado impone para que sus hijos, aunque no vayan a la escuela, puedan hacer los exámenes oficiales.

En Francia, Reino Unido, Estados Unidos... es una actividad legal. Y en otros países donde la situación es parecida a la de España, como es el caso de Alemania u Holanda, por lo menos existe una amplia oferta de escuelas alternativas, que aquí no se encuentra. Además, en la Universidad de Harvard, entre otras, se reservan un conjunto de plazas anuales para alumnos provenientes del homeschooling [2]. Puede que no esté tan mal esto de educar en casa. ¿Lo hacemos legal y lo comprobamos?


EDUCACIÓN A DISTANCIA

Mientras la educación tradicional se actualiza a paso de tortuga –si es que avanza-, la oferta educativa a distancia, que está viviendo un segundo boom, se renueva continuamente. Se presenta más compaginable con el mundo laboral, con mayor flexibilidad de horarios y te permite tener más relación con el profesorado y alumnado (aunque pueda parecer paradójico, sí). Éstos y otros ingredientes han propiciado que la demanda de masters online se haya disparado un 300% en dos años y la de cursos online en general un 200% respecto el año 2008 [4].

Es más común encontrarlo en el mundo universitario. La UOC (Universitat Oberta de Catalunya) ha pasado de 200 alumnos el año de su creación a 60.000 actualmente. Entre las últimas novedades que ofrece, destaca el TV format, programas de 30 minutos donde se encuentra el contenido esencial de la asignatura pero está explicado de forma más estimulante e innovadora, o los magazines de radio, que se pueden escuchar incluso mientras haces running. En la UNED y en el OMMA (Master online en Value Investing y Teoría del Ciclo) se encuentran patrones de enseñanza similares. Se calcula que aproximadamente una octava parte de los universitarios españoles estudian a distancia, con una clara tendencia al aumento.

Sin embargo, ahora ya no es necesario que estés matriculado en una universidad en concreto para estudiar a distancia, ya que puedes hacer distintos cursos en distintas universidades a la vez. Este es el caso de los cursos MOOC. Se caracterizan por ser online, abiertos a todo el mundo y gratis, si bien es cierto que a veces para obtener el certificado se tiene que ingresar una cantidad de dinero determinada y que en la mayoría de los casos estamos hablando de cursos introductorios. Se aglutinan en plataformas y, en algunos casos, como por ejemplo el de Coursera, Khan Academy o Udacity, participan algunas de las mejores universidades del mundo, con los mejores profesionales. El éxito de estas iniciativas está siendo rotundo y millones de usuarios las utilizan para ampliar su campo de conocimiento. Disfrutar de la existencia de estos cursos de una forma tan sencilla hace que ahora, más que nunca, también la mayoría de universidades necesite reinventarse.

CÉSAR BONA

El caso del profesor César Bona demuestra que incluso en el contexto del sistema educativo tradicional hay margen para una educación diferente, enfocada a la creatividad y el protagonismo del alumno. Él, que es candidato a ganar el premio Global Teacher Prize, también conocido como el “nobel” de educación, propone un modelo rompedor. Debido a que entiende que los niños también pueden enseñar mucho al profesor, César no utiliza libros de texto sino que hace hablar a sus alumnos en público sobre temas de actualidad ya desde muy jóvenes y les transmite valores como el respecto a las personas y la naturaleza. Según él, de este modo se incentiva la capacidad creativa del alumno y aumenta su curiosidad por aprender [5].

Es profesor de una escuela de un barrio obrero de Zaragoza, y además se le reconoce su capacidad para reducir claramente el absentismo escolar entre los niños de etnia gitana del barrio, mayoría en su aula. Uno de los puntos claves de su método es cómo organiza el aula. ¡Fíjate!

Infografía: Francina Cortés


CONCLUSIONES

No me gustaría que uno tuviera la impresión al acabar de leer este artículo que, bajo mi punto de vista, la opción de la educación estatal es la perdedora. Es más, como estudiante que siempre he sido de escuelas tradicionales, sigo pensando que aún son la mejor garantía para entrar al mundo laboral de forma exitosa, o que, por lo menos, te lo facilita.

Esto no quita que se puede ser muy crítico con el sistema educativo actual. En especial con la educación obligatoria. En España somos especialistas en promulgar una nueva ley educativa cada vez que hay un cambio de gobierno. Y también somos especialistas en que estos cambios sean ideológicos y ataquen problemas secundarios, para así instrumentalizar la educación a través de la política.

Mientras esto siga ocurriendo –y nada hace presagiar que pueda haber un cambio a corto plazo- creo que es más que razonable luchar por que las familias tengan la libertad de educar en casa. O pedir que la educación se adapte al mundo de Internet y las nuevas tecnologías, O, por lo menos, animar a más profesores a seguir métodos como el que lleva a cabo el profesor César Bona.

  
*El autor, Gerard Valldeperes, es estudiante de Doble Grado Economía-Derecho en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. 


Referencias


[2] Laura Mascaró, presidenta de la Plataforma por la Libertad Educativa, SFL Girona: https://www.youtube.com/watch?v=oxvNt7Ds8uo

[3] Laura Mascaró, presidenta de la Plataforma por la Libertad Educativa, Televisión Española (2010)  https://www.youtube.com/watch?v=-5qSPQ3aonM



  


24 enero 2015

¿El cheque escolar desmantelaría la escuela pública?


He de reconocer que los programas políticos nunca me han movido a la lectura. Y las promesas en asuntos de educación tampoco.

Fue cuando mi hijo comenzó su contacto con el entorno "escolar", en un centro al margen del sistema tradicional, cuando el runrún de lo permitido y lo prohibido se hizo necesario a mi cavilación. Había normas que cumplir, cautelas que tomar, obligaciones para con la sociedad y papá Estado... 

Hace tres años largos de esto y mi cabeza ya nunca ha descansado a pierna suelta.



Pero últimamente viene a esta caótica memoria un sintagma que antaño estuvo en boca de algunos ciudadanos. Algo que parecía que iba a ser posible y que el Gobierno de entonces valoraba -valorarlo es ya mérito para algunos servidores públicos- y de lo que luego, no sé por qué, jamás se supo: el cheque escolar.

Muchos de vosotros, con más edad y seguro más memoria, recordaréis el concepto y quizás os sugiera reflexión. Sin embargo, para quienes necesiten ponerse al día (aquí, la primera quien os habla), he encontrado información sensata y documentada en HazteOír, un grupo de ciudadanos impulsores de esta iniciativa:

¿Qué es el cheque escolar?
Concepto
El cheque escolar es un sistema de financiación de la educación por el cual el Estado atribuye a las familias una cantidad de dinero por cada hijo en edad escolar. De este modo el Estado financia la educación de sus ciudadanos, sin embargo en vez de financiar a los centros educativos financia a los educandos, que son los verdaderos sujetos del derecho a la educación. La cantidad atribuida a las familias estaría en relación con el coste medio del puesto escolar.
En su concepción moderna el cheque escolar fue planteado por primera vez por Milton Friedman (a la derecha) en su ensayo ???El papel del Gobierno en la Educación??? en 1955. Desde entonces diversos autores han retomado el tema del cheque escolar.
Experiencias prácticas
   Uno de lo países donde mayores debates se han producido en torno al  cheque escolar ha sido Estados Unidos. En los últimos años se han  empezado a poner en  práctica diversas experiencias. Así podemos  encontrar sistemas de cheque escolar  en Washington, Milwaukee,  Cleveland, Maine, Vermont , Florida y Colorado.
  En Milwaukee, según declaraciones de su alcalde (partido demócrata) se  benefician del cheque escolar 11.000 estudiantes de 106 colegios y su introducción  ha sido muy beneficiosa para los colegios estatales que han mejorado su calidad y  la atención a los padres y alumnos. El cheque se puede utilizar tanto para elegir colegios estatales como de iniciativa social.
En Washington, ciudad de alcalde demócrata, se ha implantado en 2004 un programa de cheque escolar para familias necesitadas (con renta inferior a 36.000 dólares en un hogar de 4 miembros) que podían llegar a recibir hasta 7.500 dólares de ayuda. Este programa ha permitido a 1.023 alumnos elegir entre 53 escuelas de titularidad social que participaban en el programa. El programa da preferencia a alumnos de escuelas de titularidad estatal calificadas como de baja calidad (bajos resultados de los alumnos) dándoles la oportunidad de elegir una escuela de iniciativa social. Los alumnos beneficiarios de este programa han sido en su mayoría de origen asiático, afroamericano e hispano.
En el curso 2004/2005 se ha implantado a nivel estatal un programa de cheque escolar destinado a familias con faltas de recursos y cuyos hijos estudian en escuelas de titularidad estatal deficientes. El cheque también está abierto a alumnos entre 9 y 17 años que no hayan alcanzado en nivel satisfactorio en un área de conocimiento en el examen estatal. El importe del cheque ascenderá a la menor de dos cuantías: el costo de la plaza en el colegio de iniciativa social o un % del costo de la plaza escolar en la escuela estatal. El programa se está implantando en 11 distritos de más de 40.000 alumnos, con la idea de generalizarlo para todo el Estado en el curso 2008.
En España existe una experiencia de cheque escolar en el Ayuntamiento de Valencia para la escolarización preescolar o infantil. La cuantía máxima mensual asciende a los 87,15 euros, dependiendo la cuantía recibida de la renta anual familiar, la existencia de minusvalía, la situación familiar (familias numerosas y/o partos múltiples), así como de la situación de maltrato o violencia doméstica. En Albacete se implantó también un programa de cheque escolar para guarderías que fue eliminado en el año 1999 al ganar el ayuntamiento el partido socialista.
  En Europa también hay programas de cheque escolar en Dinamarca y  Suecia. En    el caso concreto de Suecia fue introducido en 1992 por un  gobierno liberal y  mantenido posteriormente por gobiernos socialdemócratas.  El cheque permite  escoger entre escuelas estatales o de iniciativa social y  financia el 85% del coste. 
 En Dinamarca el sistema es similar al sueco. Existen también programas de cheque  escolar en Italia. Otros países del mundo con cheque escolar son Chile y Nueva Zelanda. En Inglaterra, gobiernos del partido conservador implantaron el cheque escolar para guarderías y escuelas de iniciativa social. En 1997, el gobierno laborista eliminó los programas de cheque escolar. Sin embargo, desde el año 2002 hay determinados miembros del gobierno y el partido laborista que abogan por implantar un programa de cheque escolar similar al sueco.


Después de leer esto, le trasladé mis pesquisas al esposo, y comenzamos ambos una discusión sobre su viabilidad, el porqué de su no-implantación en España, si era una medida política poco social... Vamos, que yo lo defendía como quien defiende la teoría de Planck con más pasión que cuántica, mientras que él insistía en que, de prosperar el cheque escolar en nuestro país, los padres dejarían desiertas las aulas de los colegios públicos y cogerían su dinerito para ir a pedir plaza a los más equipados y cool colegios (los cool-egios, jo jo jo) privados y concertados, donde ahora muchos no van porque hay que rascarse el bolsillo.

"Bueno, así quedaría en evidencia el compromiso real de los ciudadanos con la escuela pública", aduje yo. "La mayoría la escogen porque creen que es gratis". La viven como gratis, pero nooooo, no señores. Nada es gratis. Además, ¿qué hay más "social" que permitir a la sociedad elegir sobre un derecho que es de nuestra prole?

Y ahí os dejo dos preguntas que me desazonan hoy profundamente, agradeciendo cualquier aportación que queráis hacer a través de vuestros comentarios (ya sea en abierto por el blog, ya sea escribiendo a sistemaescolar(arroba)libertadeducativa.org):

1. ¿Cuánto cuesta una plaza escolar (infantil, primaria, secundaria obligatoria) en la pública? ¿Esto se sabe, se puede saber, se puede más o menos calcular?

2. ¿Creéis que si el cheque escolar permitiera a cada familia escoger dónde pone su dinero para la escolarización de los hijos e hijas se desmantelaría tarde o temprano la escuela pública?

Felices días, con o sin cheque...



Raquel
Responsable de Sistema Escolar PLE



Fuente: http://chequeescolar.hazteoir.org/%C2%BFque-es-el-cheque-escolar/

19 enero 2015

Esto NO es homeschooling, por Laura Mascaró.

Te preguntarás qué hago yo escribiendo un artículo titulado "Esto NO es homeschooling". Yo que siempre critico a la gente que se dedica a repartir carnets de homeschooler y a decidir según su personal y arbitrario criterio, quién es y quién no es homeschooler. 

Pero con el afán de no ofender, de incluir a todo el mundo, de respetar todas las opciones y opiniones y de no catalogar ni mucho menos imponer definiciones, últimamente está creciendo la tendencia a llamar "homeschooling" a, con perdón, cualquier cosa. He aquí algunos ejemplos de familias que se denominan a sí mismas homeschoolers sin serlo:

La familia que afirma que "todos educamos en casa" y que, por tanto, ellos hacen "tarde-schooling" porque por las tardes hacen muchas actividades, digamos, educativas, con sus hijos. Eso es educar, cierto, pero no es homeschooling, puesto que los niños están formalmente escolarizados. Lo mismo aplica a los fines de semana y a las vacaciones escolares. Son días no lectivos que dedicas a pasar tiempo en familia, pero no son días en que por arte de magia de conviertes en homeschooler.

La familia que tiene a los hijos escolarizados pero les permite faltar varios días al mes para dedicarlos a otras actividades, tal vez incluso para juntarse con familias homeschoolers, porque desearían no tener que llevar a sus hijos a la escuela. Es un deseo loable, pero eso no te convierte en homeschooler.

También hay familias que sí son homeschoolers y que deciden catalogarse como "unschoolers" sin serlo. No sé si el unschooling está de moda o si es que la teoría es tan bonita que muchas familias quisieran subirse al carro y empiezan por colgarse la etiqueta. O tal vez es que el unschooling no está bien explicado y la gente entiende otra cosa.

- Lo mismo que con el homeschooling, uno no se vuelve unschooler porque decida tomarse unos días libres de actividades académicas, programadas y dirigidas.

Tampoco es unschooler el niño que acude a una escuela libre, por más libre que sea la pedagogía allí utilizada, porque juntarse con un grupo de niños y varios acompañantes no hace que ese lugar deje de ser una escuela.

No es unschooler quien hace excepciones. Hay familias, por ejemplo, que aseguran ser unschoolers "excepto en matemáticas" porque son muy importantes y requieren una enseñanza directiva o porque son tan importantes que merece la pena imponerlas. Un unschooler jamás impone, sólo propone.

Tampoco es unschooler quien hace un homeschooling siguiendo los intereses de los niños cuando éstos aparecen. Si te quedas haciendo tus cosas mientras dejas que el niño encuentre su propio camino, no eres unschooler sino negligente. Si acompañas a tu hijo mientras esperas a que muestre interés por algún tema y aprovechas ese interés para organizarle actividades o darle lecciones, no eres unschooler sino homeschooler. Un unschooler jamás separa el aprendizaje del resto de la vida. Un unschooler jamás le explica algo a sus hijos porque piensa que ha surgido una oportunidad para enseñarles algo. Un unschooler se dedica a vivir su vida, integrando a sus hijos en ella e integrándose a su vez en las vidas de los hijos.

Ninguna de estas formas de educar (salvo la negligencia mencionada, que no es educación) es mejor que otras. Te puede gustar mucho la idea del homeschooling y que por las circunstancias y los motivos que sean no te resulte posible hacerlo. No pasa nada. Tienes un niño escolarizado. ¿Y qué? O puede que tu hijo no vaya a la escuela pero le des una enseñanza siguiendo sus intereses. No eres unschooler, pero tampoco pasa nada. La enseñanza basada en los intereses del niño es maravillosa. Es la mejor enseñanza que existe, en mi opinión.

Puede gustarte mucho la teoría del unschooling y puede que apliques algunos de sus principios en la medida en que te resulte factible, fuera del horario escolar, pero eso no te convierte en unschooler. Como dice Sandra Dodd, la mayor parte del unschooling sucede en el interior de los padres. Y yo añado, que cuando ese proceso se ha dado, te resulta absolutamente imposible volver a llevar a tus hijos a la escuela o hacer otro tipo de homeschooling.

No voy a entrar en el debate sobre la edad a partir de la cual un niño puede considerarse homeschooler. Algunos dicen, en España, que es a partir de los 6 porque es a esa edad cuando la escolarización comienza a ser obligatoria. El argumento no es válido porque entonces estaríamos dependiendo de la ley de educación para definirnos. Alguien llegó a decir que si estabas en algún supuesto dentro de la legalidad, tampoco eras homeschooler. De este argumento se desprende que en los países en los que el homeschooling no está prohibido, de hecho no existen los homeschoolers, porque no están en situación de ilegalidad. Y deja entender, también, que el hecho de ser o no homeschooler depende de la legalidad vigente y varía, por tanto, de un país a otro.

Pero sí voy a abogar por llamar a las cosas por su nombre y no desvirtuar ninguna de las formas que el homeschooling puede tomar.
 


Fuente: http://www.lauramascaro.com/2015/01/boletin.html?utm_content=buffer4602e&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

16 enero 2015

Problemas prácticos con el homeschooling


Problemas prácticos con el homeschooling, por Paloma.


Fuente: Paideia en familia

Después de llevar unos cuantos añitos metida en este "lío" del homeschooling, me atrevo a asegurar que esto no es lo que parece y que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia ja, ja...

Lo que quiero decir es que empezar a educar en casa es relativamente sencillo, pero lo complicado es perseverar en ello, por lo menos de una manera digna, es decir con la alegría, entusiasmo e ilusión de los principios. 

Es como todo....como la familia, la pareja, los amigos, la naturaleza, lo espiritual.... hay que mimarlo mucho: los detalles, el día a día, evitando la rutina, el aburrimiento. No hemos de permitir que el homeschooling nos asfixie o nos desborde, que se convierta en una cruz demasiado pesada, pues entonces tal vez no merezca la pena seguir y por ello hay que estar muy pendientes, para no llegar al agotamiento y al desencantamiento total, que terminarían por hacernos abandonar la empresa.

Cuando los niños son pequeños, yo siempre digo que tendría que ser OBLIGATORIO educar en casa... y con esto me refiero a niños no sólo de infantil, sino también de primaria. Sobre todo si tienen hermanos, hasta los 10 ó 12 años aproximadamente, es maravilloso y bastante más fácil de lo que pueda parecer. 

Se pueden y se deben respetar los ritmos de aprendizaje, pero esto es más sencillo cuanto más pequeños son. Personalmente puedo tener un analfabeto de seis años en casa y estar tan tranquila, pero ¡¡no uno de doce!!

Yo necesito cubrir unos "mínimos". Si el de seis años hace unas sumas, garabatea unas letras y ya se empieza a poner malito y sólo se le cura jugando el resto del día....bueno...pues puede pasar. Pero el de once tiene que cumplir con esos "mínimos", que en ocasiones le pueden llevar demasiadas horas y ¡ya tenemos el problema!



El homeschooling no puede ser una cadena, porque para eso están las escuelas que mantienen a los niños todo el día bien ocupados en las clases y por la tarde en casa con los deberes. El homeschooling, bajo mi punto de vista, debería permitir a los niños tener cantidad de tiempo de calidad, o sea muchísimoooo tiempo libre: para el juego, para el silencio, la oración o la meditación, para desarrollar sus hobbies y aficiones, para compartir en familia, para hablar, para estar en contacto con la naturaleza, con los buenos libros, con los quehaceres domésticos, con la libre investigación, etc...

Lo ideal es que la persona que pasa más tiempo con los niños permaneciese la mayor parte del tiempo relajada, pero ¿es esto realmente así? 

Si la casa llega a convertirse en una escuela, hay un serio problema que solucionar. 

Puede ser que el trabajo intelectual se esté volviendo una obligación tediosa, aburrida, monótona. Que hay que trabajar de otra manera, con otro horario, otro ritmo, involucrar más al niño en su propio aprendizaje o por el contrario tomar nosotros las riendas una temporada, imponer más "disciplina" o menos todavía, tomarnos algún respiro, pedir ayuda...

Hace tiempo leí en el libro de Harvey y Laurie Bluedorn (que han educado a sus cinco hijos en casa) algo así como que "El mejor colegio es el más parecido a un hogar, y la peor educación en casa es la que más se asemeja a la de una escuela."

Yo creo que con esta idea nos tenemos que quedar, aunque no es nada fácil...

Continuará...




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